El pescador y la trucha.

Publicado el 9 noviembre, 2013 en Relatos individuales

   Un hombre, cansado de la rutina, decide hacerse un hueco para ir a pescar. Tras un largo camino, llegó a un lago enorme de aguas cristalinas. Era un lugar precioso, lleno de flores y de hierba, que junto con el cielo, se reflejaban en la tranquila superficie de aquel lago dándole el aspecto de la paleta de un pintor.

    Tras recuperarse de la impresión que le había causado el lugar, el hombre se dispuso a preparar la caña. Una vez puso el cebo, la lanzó, y se dedicó a esperar pacientemente a que picase algún pez. Pasó una hora hasta que por fin notó que el sedal se movía. Recogió la caña y se encontró un pez no mayor de unos pocos centímetros, demasiado pequeño. Con toda la rapidez que pudo, le sacó el anzuelo y lo devolvió al agua. Luego colocó otro cebo y volvió a lanzar la caña, esta vez, con la esperanza de que al menos pudiera llevarse alguna captura.

    Pero parecía que tanta esperanza iba a ser en vano, porque el lago pasó de celeste a rojizo. Ya estaba atardeciendo y pronto caería la noche. En eso pensaba nuestro pescador, que mirando hacia donde tenía aparcado el coche, decidió que había llegado el momento de irse a casa. Fue entonces, tan pronto como asumió su derrota y su desilusión, cuando el sedal comenzó a moverse de nuevo, con bastante más fuerza que antes.

    Cinco minutos después, logró por fin sacar del agua una enorme trucha, la más grande que jamás había pescado. Emocionado, fue a quitarle el anzuelo, y cuando lo hizo, el pez se le escurrió de las manos y cayó al agua. Atónito, el pescador recoge rápidamente las cosas y se dirige al coche. Por el camino, totalmente decepcionado, piensa: “¡Esa trucha era mi la felicidad! Tanto tiempo esperándola y cuando por fin la tengo en mis manos se me escapa entre los dedos…” Más tarde recapacitó y se dijo a sí mismo: “Bueno, lo importante es que sigue estando en el lago. Volveré otro día, a ser posible con una red.” Aquel hombre no pudo evitar reírse de su error. Al final, acabó estando más animado,incluso, con intención de volver a aquel lugar.

   MORALEJA: Da igual lo que nos pase, lo que realmente cuenta a la hora de que seamos felices es nuestra actitud frente a la vida. Riámonos de ella antes de que ella lo haga de nosotros.

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1 respuesta a El pescador y la trucha.

  1. ¡Muy buen relato amigo!
    Buena ortografía, buena presentación, buena fluidez de lectura, corto y directo. Fantastico.

    ¡Un saludo!

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